María Martin, psicóloga de Gaztambide 17, nos recomienda esta semana: La expectativa como obstáculo al amor

La expectativa como obstáculo al amor
Desde el momento en el que sabemos que nos vamos a convertir en madres o padres nos llena un poderoso amor en el cual nos prometemos que nuestro hijo o hija va a ser lo más importante, que le vamos a cuidar, le vamos a respetar y que vamos a mostrarle lo maravilloso de este mundo. Este entusiasmo poderoso que está en cada poro de nuestra piel va siendo reemplazado por aquello que esperamos de ella o de él, por aquello que queremos en que se conviertan, por lo que queremos que deje de hacer, por darle voz a todo lo que no me gusta de mi hija o de mi hijo.
Empieza a crecer algo muy potente según nuestro bebé crece y es la expectativa de en lo que queremos que se transforme. Puede que decirlo así no resuene en aquella persona que esté leyendo esto y sin embargo sé que se desarrolla de manera tan sutil, tan velada que se va instalando de manera casi invisible en nuestra relación con nuestra hija o nuestro hijo.
Llega un momento en que la expectativa y lo que queremos para ellas y para ellos con todo nuestro amor, obstaculiza ese mismo amor. Ese amor que prometimos darles, ese amor por el cual nos prometimos aceptar incondicionalmente la manera en que son, su carácter, el color de su pelo, el olor de su piel, su mirada, la manera en la que existen.
Cada día, veo como ese gigante, ese juicio instalado en nosotros nos aparta de la maravillosa existencia de nuestras hijas, de nuestros hijos, de mi hija y de tu hijo. Alejando el amor que prometimos darles y que por el poco tiempo, los trabajos, el ritmo de vida que llevamos, se nos ha ido olvidando.
No olvidemos la importancia de enseñarles lo importante en la vida, que es el amor, el amor a ser quienes somos y a ser quienes son, a ayudarles en sus dificultades, contando con ellas y con ellos, no les excluyamos de nuestra vida, no les apartemos de nosotras y nosotros.
Crecen tan rápido y nos necesitan tanto, necesitan saber que les vamos a acompañar en cualquier circunstancia de su vida, que les vamos a tender la mano sin importar lo que haya ocurrido, que les vamos a tener en cuenta, que no les vamos a excluir, que no les vamos a hacer daño en ninguna forma y que van a tener una mirada amable de nuestra parte, una palabra que les acompañe y no les juzgue ni les etiquete. Ayudémosles a descubrir quiénes son, no les convirtamos en aquello que queremos que sean.
Mirémosles a los ojos todos los días, llevémosles al colegio guardando cada segundo del camino y sintiendo el contacto de la piel de su mano con la nuestra o del contacto de la conversación. El poder del contacto diario, de una caricia, de una mano en el hombro como apoyo, de una buena charla, de una buena carcajada es lo más poderoso que podemos darles.
Permanezcamos a su lado, nos aman incondicionalmente y nos necesitan incondicionalmente hagamos nosotros y nosotras como padres y madres lo mismo.
No les dejemos solas, no les dejemos solos.