La Bailarina de Auschwitz, de Edith Eger

“Y ahí estás tú. ¡Ahí estás tú! En el sagrado presente. No puedo curarte, ni a ti ni a nadie, pero puedo felicitarte por la decisión de desmantelar tu prisión mental ladrillo a ladrillo. No puedes cambiar lo sucedido, no puedes cambiar lo que hiciste o lo que te hicieron. Pero puedes decidir cómo vivir ahora.
Queridísimo amigo, puedes decidir ser libre.”

(La Bailarina de Auschwitz, de Edith Eger)

En el Día Internacional del Libro, Carolina Posada, psicóloga y psicoterapeuta en el Centro Terapéutico Gaztambide17 tiene una recomendación muy especial para hacernos: nos invita a adentrarnos en las páginas de La Bailarina de Auschwitz.

A través de este libro autobiográfico, Edith Eger, nos lleva de la mano a través de su viaje personal, desde el horror a la sanación. La Bailarina de Auschwitz relata, de una manera generosa, humana y muy bien narrada, sus experiencias de pérdidas esenciales, de humillación, privación y trauma cuando a sus 16 años ella y su familia fueron llevadas a Auschwitz por los nazis.

Edith Eger nos cuenta no solo los horrores que tuvo que vivir en el campo de concentración, sino de cómo estuvo años después de su liberación aún atrapada dentro de sí misma en el trauma, los flashbacks y una profunda sensación de culpabilidad por haber sobrevivido, y como todo esto hacía su vida terriblemente difícil y dolorosa.

Nos cuenta también su camino de sanación y liberación, en el que tratando sus heridas en lugar de seguir huyendo de ellas, enfrentando sus fantasmas y pesadillas, pudo reconstruirse desde dentro, integrar y trascender lo vivido desde el amor, la compasión y el perdón.

Nos enseña a través de su experiencia cómo todos los seres humanos tenemos la opción de elegir cómo vivir las experiencias de nuestra vida, cómo podemos elegir hundirnos o crecer, atraparnos y maltratarnos o tomar la responsabilidad de nuestras heridas y vivir vidas enriquecidas y enriquecedoras para otros.

Edith Eger pudo sanarse gracias a su elección y a la compañía de otras personas que le hicieron ver que esto era posible (entre ellos Victor Frankl, creador de la Logoterapia, de quien fue discípula). Y ella ha hecho posible, acompañando a otros como psicóloga y terapeuta, que avancen en la sanación de sus traumas.

Aun vive en California con su familia, donde sigue trabajando llena de vitalidad y entusiasmo, haciendo que su experiencia de horror, siga ayudando a mucha gente. Esa fue su elección y su regalo. ¡Recomendable lectura a más no poder!