¿Cómo damos las gracias? ¿Cómo pedimos perdón?

Marga Aguilera, mediadora familiar y experta en técnicas de escucha y resolución de conflictos en el Centro Terapéutico Gaztambide 17, nos invita a cambiar el enfoque a la hora de dar las gracias o pedir perdón a una persona.

En ambos casos, propone incorporar otra mirada: al dar las gracias, en lugar de expresar lo maravillosa que es la otra persona, propone compartir el beneficio que me ha generado; y cuando se pide perdón, no hablar de todas las circunstancias que justifican mi conducta, sino reconocer el hecho, asumir la responsabilidad y mirar el daño que se ha generado en el otro.

¿Cómo dar las “gracias”?

Cuando damos las gracias o nos dan las gracias, este acto suele ir acompañado de elogios a la otra persona: “¡Eres fantástico! ¡Siempre se puede contar contigo! ¡Siempre tan generoso!”. Estas expresiones pueden incomodar a la otra persona, que siente que no es para tanto, e incluso puede decir: “Es lo normal. Somos amigos, tú lo hubieras hecho por mi”.

Hay una forma más útil de dar las gracias para que realmente llegue mi gratitud y es expresar exactamente el hecho concreto que ha realizado esa persona, qué ha sido bueno para mí, qué beneficios o qué necesidades ha cubierto y qué emociones me ha generado.

Marga nos da un ejemplo concreto: “Estaba preparando un curso y estaba atascada. En ese momento, me llama un amigo, le cuento lo que me pasa, me escucha y me da tres ideas muy buenas que me ayudan a centrar el curso. Rápidamente salgo del atasco, y cuando doy el curso quedo encantada. Entonces, lo llamo y le digo: ¿te acuerdas de aquellos diez minutos que me dedicaste, en los que me estuviste escuchando y me diste tres ideas fantásticas? Me ha servido muchísimo, he dado el curso y estoy muy contenta. Te llamaba para darte las gracias”.

De esta forma, es más fácil que la otra persona perciba y sienta mi gratitud porque le estoy hablando en concreto de cuál ha sido su conducta y qué beneficios ha tenido en mi. El foco no lo pongo en “¡qué majo y en qué maravilloso eres!”, sino en esa conducta que me ha beneficiado y los sentimientos positivos que me ha generado.

¿Cómo pedir “perdón”?

Algo bastante parecido ocurre cuando pedimos perdón. En muchas ocasiones, cuando pedimos perdón lo acompañamos de un montón de justificaciones o explicaciones de por qué hemos actuado así. De esta forma, a la persona le llega que le estoy quitando importancia, que me justifico y que no reconozco el daño.

En este caso, Marga también nos ilustra la situación con un ejemplo muy claro: “He llegado tarde porque me dejé la mascarilla y tuve que volver a casa. Luego el bono transporte estaba caducado, y tuve que ir a renovarlo, y no llevaba dinero… ¡vaya mañana que llevo!”. ¿Qué es lo que ha pasado? Que esa persona no se va a sentir comprendida ni entendida, ni le va a llegar una disculpa. Además del enfado que le he generado, tiene que aguantarme y atenderme porque estoy estresada y agobiada.

Esto lo podemos hacer de otra forma: en lugar de poner el foco en mi, describir mi conducta y ver qué consecuencias ha tenido y qué sentimientos ha generado en el otro. La propuesta para pedir perdón en este caso sería: “te has levantado pronto para llegar a la hora, y te he hecho esperar en la calle media hora sin avisar. Entiendo que te haya sentado mal, que te haya inquietado y puesto nervioso y que ahora estés de mal humor porque esperar media hora a nadie le agrada”.

De esta forma, estoy hablando de lo que he hecho, asumo mi responsabilidad y las consecuencias que ha tenido en el otro, y el daño o malestar que ha generado. Eso sí que le va a llegar. Hay un reconocimiento del daño y una aceptación de la responsabilidad.