Ayudar a conocerse, descubrir sus talentos, superar sus miedos y pensamientos limitantes: algunos de los beneficios del acompañamiento terapéutico a emprendedoras

Cada 19 de noviembre se celebra el Día Internacional de la Mujer Emprendedora con el propósito de visibilizar a la mujer, contribuir al empoderamiento femenino y favorecer la igualdad de género.

Si bien en nuestro equipo terapéutico hemos acompañado a muchas mujeres emprendedoras en su proceso vital, hoy queremos compartir la mirada de Nuria Carmona Cabanillas, licenciada en Ciencias Económicas y Empresariales, psicóloga, y fundadora del Centro de Psicología y Arteterapia Canuca.

Después de 17 años de profesión, Nuria ha visto muchos ejemplos de mujeres que, una vez se han alineado con quienes son realmente y con sus talentos, que se han conectado con su verdadera forma de ser y se han dado el espacio y tiempo para mostrarlos al mundo, han demostrado su capacidad y han sabido impulsar de manera extraordinaria sus proyectos, viviendo de una forma plena, tranquila y feliz.

A continuación compartimos la conversación que hemos tenido con Nuria:

En general, la mujer suele tener más dificultades y presiones a la hora de avanzar en el terreno profesional, ¿crees que en las emprendedoras son aún mayores?

En general, los emprendedores y emprendedoras tienen más dificultades para conseguir un sueldo digno que los trabajadores por cuenta ajena, pero las mujeres, además, tienen el problema añadido de que anteponen su rol de cuidadoras de la familia de origen y sus propios hijos, a su carrera profesional. Parece que hacerse cargo de las necesidades de la familia o el hogar fuera más prioritario para ellas que su propio proyecto profesional.

A partir de tu experiencia, ¿cuáles son las principales dificultades a las que se enfrenta una emprendedora?

Las dificultades de las emprendedoras, además de las comentadas anteriormente, se unen las características de personalidad más propias de las mujeres, como el perfeccionismo, el complacer o el querer abarcarlo todo.

Las emprendedoras suelen ser demasiado minuciosas y detallistas, tanto que suele ocurrir que se retrasan mucho haciendo su trabajo e incluso, en los casos más acentuados, suelen paralizarse y ni siquiera empiezan, por el miedo a no hacerlo a la altura de sus expectativas.

También, les cuesta mucho decir que no y declinar hacer lo que los demás les piden, anteponen las demandas de los otros a las suyas propias y esto les lleva a cargarse de trabajo y no poder terminarlo todo o a hacerlo, pero con un enorme estrés añadido.

Otra cuestión decisiva en la mujer es su maternidad y su sensación de culpa si cree que está desatendiendo a sus hijos. Por eso, en todo momento, coloca las necesidades de estos por delante de las de ella, aunque no siempre sean prioritarias. Así su área laboral se pospone para el final y se llegan a las tareas laborales con bastante menos energía y tiempo.

¿Cómo acompañas a las mujeres emprendedoras?

El trabajo de acompañamiento principal a la emprendedora se basa en ayudarlas a conocerse, que descubran sus talentos, aquello que se les da bien, en qué pueden destacar. Y luego, por supuesto, ayudarlas a superar sus miedos, sus pensamientos limitantes en cuánto a su valía y a deshacerse de su sentimiento de culpa si anteponen algunas de sus necesidades o dicen que no a los demás.

Mi trabajo como psicóloga y mentora de mujeres con negocios propios es la de ayudarlas a que se den cuenta del enorme potencial que poseen, de todas las dificultades que han superado a lo largo de sus vidas y de lo enormemente resilientes que son.

Por otro lado, las acompaño a que puedan reconocer aquellos aprendizajes de su niñez, esos pensamientos y comportamientos que pusieron en juego para adaptarse a las familias en las que se criaron, pero que ahora las están frenando en su emprendimiento y en su vida en general.

¿Y desde el punto de vista de la gestión emocional?

Las ayudo y oriento para que se den el espacio para identificar qué les pasa y en poder atender lo que les ocurre. Para que su mundo emocional, su formidable sensibilidad y empatía jueguen a su favor.

Siempre las animo a que trabajen para dejar de ser las esclavas de sus circunstancias y que se conviertan en las reinas de sus vidas.

Yo misma soy un ejemplo de lo que puede hacer un proceso terapéutico profundo. Yo trabajaba como economista por cuenta ajena con mucho estrés y ansiedad, hasta que comencé mi terapia y decidí estudiar Psicología y formarme como psicoterapeuta y arteterapeuta. Ahora puedo decir que soy sumamente feliz, porque hago lo que me entusiasma y puedo cumplir uno de mis propósitos, que es acompañar a otras mujeres a que se conecten con su esencia y con su forma única de liderar sus vidas.