Las Navidades: un amplificador de conflictos y dificultades que se experimentan a lo largo del año

Las Navidades y sus reuniones familiares suponen un amplificador de muchos conflictos y dificultades que experimentamos a lo largo del año. No suelen ser asuntos que se originen en las Navidades, pero resulta difícil evitarlos cuando a lo largo de quince días concentramos reuniones y situaciones en los que afloran.

Son fechas en las que las ausencias de seres queridos son más evidentes y dolorosas, o tenemos que compartir tiempo y espacio con personas con las que quizás tenemos conflictos abiertos, o, si estamos sufriendo un Trastorno de Conducta Alimentaria (TCA), nos vemos obligadas a sentarnos a mesas llenas de comida.

Tener conciencia de que existen estas situaciones y de qué modo nos afectan nos puede ayudar a buscar estrategias para cuidarnos y respetarnos a nosotros y a los demás: es el momento de rebajar la exigencia y las expectativas sobre cómo debemos sentirnos o comportarnos.

Puede ser útil buscar alianza con las personas en las que más confiemos para sentirnos apoyadas en situaciones que preveamos tensas, y eso puede ayudarnos a atravesarlas con más seguridad. A veces, algo tan sencillo como cruzar una mirada con alguien que conoce y comprende nuestra dificultad nos hace sentir su compañía y su apoyo.

También es una época idónea para introducir permisos que nos pongan las cosas más fáciles, como el permiso para retirarnos un poco antes de las reuniones, o incluso permiso para no asistir si se prevé demasiada conflictividad.

En nuestra cultura, las mujeres de las familias asumen la mayor parte de la carga a la hora de planificar, organizar y llevar a cabo las tareas relacionadas con las celebraciones navideñas, y eso implica casi siempre responsabilizarse de todos los detalles: que la decoración esté a punto, preparar la casa para acoger huéspedes, asegurarse de que a nadie le falte de nada, cocinar menús extraordinarios para muchas más personas de lo habitual, recoger y limpiar cuando los demás se retiran.

En muchas familias, estos días suponen un trabajo extra y extenuante que no siempre se reconoce y valora, y que seguro impide que estas mujeres disfruten de la celebración como el resto de la familia. Sería estupendo que integren como objetivo prioritario para ellas el de disfrute. Estaría bien que pusiéramos más atención en ayudar a rebajar la exigencia de que todos estén a gusto, en compartir todo ese trabajo, en descargarlas de él, aunque a veces se resistan, en conseguir entre todos los miembros de la familia asumir las tareas para que todos celebremos por igual.

 

(Foto: Jad Limcaco)