La relación entre la rabia y la depresión

Cada una de las emociones que sentimos tiene una función que nos ayuda a situarnos dentro de un contexto y adaptarnos de la mejor manera a éste. La rabia por ejemplo, nos da la información de que una situación nos daña, nos invade o es injusta para nosotr@s. Y nos aporta una energía movilizadora, que usada constructivamente nos ayuda a poner un límite a eso que nos daña y a preservar o recuperar el bienestar.

Cuando una persona está deprimida o tiene tendencia a lo depresivo es muy frecuente que haya aprendido a lo largo de su historia a inhibir su rabia, no siendo consciente de ella o no permitiéndose la expresión de la misma. Y que tienda inconscientemente a dirigirla hacia sí misma, criticándose dura y recurrentemente, somatizando o teniendo comportamientos que le hacen daño de diversas maneras.

Esta dificultad de experimentar la rabia o de expresarla nos deja sin la posibilidad de poner límites sanos y cuidadosos para nosotr@s mism@s y nuestras relaciones, y pueden perpetuar los estados depresivos.

Habitualmente hemos aprendido la manera de relacionarnos con las emociones a lo largo de nuestra historia. Si en su día llegamos a la conclusión de que expresar nuestro malestar no servía de nada, debimos sentir también una profunda desesperanza, una tristeza que se repite cuando nos deprimimos. Inhibir la rabia fue entonces útil y adaptativo, aunque triste, y ahora seguimos haciéndolo porque fue lo útil y necesario, aunque quizás no sea ya la mejor opción.

En un proceso de psicoterapia profunda como los que acompañamos en el Centro Terapéutico Gaztambide17 generamos un espacio seguro donde poder revisar antiguos patrones emocionales y antiguas creencias que pueden estar limitando nuestra salud y el bienestar en nuestra relación con nosotr@s mism@s y con los demás. Donde poder, por ejemplo, actualizar nuestra relación con emociones como la rabia, comprendiendo su función y encontrando maneras asertivas y constructivas de expresarla para que así se convierta en una aliada de nuestra salud y no de nuestro malestar.

 

Carolina Posada, psicóloga y psicoterapeuta.

(Foto: Edmond Dantès)