El valor de jugar

Ya estamos en Navidad, y los más peques disfrutan de sus vacaciones escolares (junto con algunos afortunados adultos). En estas fechas, muchos solemos hacer una pausa, y pararnos a recordar la importancia del tiempo con los que más queremos. Nos damos muchas veces permiso para reunirnos, abrazarnos, compartir tiempo, e incluso decirnos lo mucho que significamos el uno para el otro. Palabras como “amor”, “deseos”, “familia” tienen un protagonismo especial y se pronuncian sin miedo y con ganas.

Y a veces, serán oídas tantas veces y tan repentinamente con sorpresa por unos pequeños que aún no saben de calendarios laborales, festivos, ni del vértigo de lo cotidiano y el absoluto cansancio de las obligaciones adultas. Muchas veces, la ensordecedora velocidad del día a día hace que estas palabras se queden en nuestra mente o nuestro corazón, en donde las sentimos cada día, pero, ¿salen todo lo que podrían?.

Es importante que, aunque nosotros tengamos claro que los queremos con toda el alma (y no podamos imaginar que alguien pueda tener duda), podamos acordarnos de decírselo, alto y claro: con palabras, con respeto, con atención y con cariño, mucho cariño, también del físico. No sólo en estas fechas sino todo el año. Numerosos estudios han demostrado que la necesidad de contacto físico, para los niños/as, es igual o más importante que la necesidad de comida. Es imposible que podamos hacerles caso el 100% del tiempo, lo que importa es lo que ocurre la mayoría de las veces: cuando un niño/a la mayoría de las veces recibe consuelo y atención al pedirlos, desarrollará un apego seguro.

Lo mismo pasa con el juego. Pronto vendrá Papá Noel, o los Reyes Magos, o se intercambiarán regalos o presentes de la manera en que cada familia celebre y acostumbre. Y quizá incluso aprovechemos para jugar y disfrutar con los juguetes que reciben nuestros niños/as.

El juego es una parte fundamental en el desarrollo de los niños/as. De hecho, el derecho al juego está recogido en La Convención de sobre los Derechos de los Niños de las Naciones Unidas. No es solo una actividad divertida o pasatiempo, constituye una necesidad y una manera de desarrollarse y crecer en todos sus niveles: cognitivo, social, emocional, motor… Jugar les permite aprender, explorar y enfrentarse a los dilemas y situaciones de la vida de una manera segura y controlada.

No obstante, no siempre no siempre es fácil o posible encontrar el tiempo de jugar con ellos, o no llegamos a comprender que es una actividad en la que nosotros/as también tenemos un papel. O igual no estamos acostumbrados o sabemos nosotros mismos cómo jugar. El juego, para los más pequeños, es una parte esencial de su lenguaje, y cómo se comunican con nosotros.  Jugando con ellos les ayudamos en su aprendizaje, en su conocimiento de sí mismos y de nosotros, entendemos su visión del mundo y aprendemos a comunicarnos mejor y estimular una relación mutua más armoniosa.

Un estudio realizado en 2018 por Famosa® reveló que el 42,2% de los padres entrevistados consideran jugar con sus hijos ayuda a conocerse tanto a sí mismo como a sus hijos, y con un porcentaje muy similar, un 42% afirma que afloran sentimientos positivos. Otro dato para resaltar es que un 50,7 % de los padres y madres afirman que jugando con sus hijos ha hallado soluciones que ha podido aplicar en otros ámbitos de su vida.

Y todas estas maravillosas propiedades, no caducan una vez pasado el 6 de enero.

¡Felices fiestas, y os deseo que podáis reír y jugar, con y como niños!

Teresa Crespo