Los límites y la culpa

En algunas situaciones, a la hora de fijar un límite aparece la culpa lo que origina una falsa sensación de control. Es la idea de que si yo me pongo en la culpa, si yo asumo que puedo hacer algo, me da una falsa sensación de control de que algo puedo hacer para que no vuelva a pasar.

La vida es la vida y no siempre hay culpables ni responsables, suceden cosas sin más. Por ejemplo: tengo la culpa de que mi hijo/a ya se haya caído y tenga un chichón. Entonces, me digo: soy mala madre, me siento muy culpable. ¡Qué mala madre soy! ¡Lo he hecho mal! Da la sensación de que puede ser diferente en algún momento. En esos casos, lo que hay que aprender es a sostener la ambivalencia, la frustración y la incertidumbre.

La culpa es muy traicionera y muy resistente a irse porque da una falsa sensación de control.

Si yo tengo la culpa, puede no volver a pasar si me esfuerzo mucho.

La culpa y la vergüenza, en realidad, son estragos emocionales profundos que están muy ligados a la fantasía de omnipotencia.

Es necesario asumir la imperfección de las cosas, la realidad. No controlamos el mundo, no se puede.

(Foto: Cortesía de Tingey)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *